El Kremlin advirtió que las restricciones aprobadas por el Congreso estadounidense entorpecen las negociaciones para alcanzar la paz en Ucrania.
El Gobierno de Rusia criticó con dureza las nuevas medidas punitivas ratificadas por el Congreso de Estados Unidos, definiéndolas formalmente como un «paso inamistoso». El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, sostuvo que la imposición de castigos adicionales obstaculizará los esfuerzos diplomáticos orientados a lograr un entendimiento pacífico en el conflicto ucraniano. Las declaraciones se dieron luego de la aprobación legislativa de la Ley Lindsey O. Graham de Sanciones a Rusia e Irán de 2026, un marco normativo diseñado por Washington para incrementar la presión económica sobre la administración de Vladímir Putin.
La legislación contempla penalizaciones contra funcionarios del gobierno ruso, entidades bancarias y sectores clave de la economía, incorporando además regulaciones específicas para neutralizar la flota pesada de buques petroleros que evaden el bloqueo occidental. Asimismo, la norma habilita al presidente Donald Trump a aplicar aranceles de hasta el 100 % a aquellas naciones que mantengan la compra de gas y petróleo ruso, afectando directamente a socios comerciales estratégicos de Moscú como China e India.
A pesar de la aprobación del proyecto en el Capitolio, la ejecución de los gravámenes comerciales no será automática y quedará supeditada a la decisión del jefe de Estado norteamericano. Este margen de discrecionalidad otorga a la Casa Blanca un elemento de negociación de cara a las eventuales tratativas bilaterales que Washington prevé retomar en el corto plazo. No obstante, las autoridades rusas remarcaron que el endurecimiento del cerco financiero complica el clima de diálogo internacional.













