Una especie exótica que se introdujo de forma no autorizada se expandió sobre los ríos Negro, Limay y Neuquén, en una situación que parece estar fuera de control.

La presencia de la carpa común se convirtió en una de las problemáticas ambientales más preocupantes en los ríos de la Patagonia, especialmente en las cuencas del Negro, Limay y Neuquén. Se trata de una especie exótica que fue introducida de manera no autorizada y que, con el paso de los años, logró expandirse hasta ocupar gran parte de estos cursos de agua, mostrando una gran capacidad de adaptación a distintos ambientes.

Uno de los factores clave de su avance es su enorme capacidad reproductiva. La carpa puede liberar alrededor de 30.000 huevos por kilo de peso, una cifra muy superior a la de otras especies como la trucha o el pejerrey. Esta característica explica por qué su población crece de forma acelerada y por qué resulta tan difícil controlar su expansión en los ríos de la región.

El impacto sobre el ecosistema es significativo. Al alimentarse, este pez remueve el fondo de los ríos, genera turbidez en el agua y altera las condiciones necesarias para otras especies. Además, consume huevos y organismos del fondo, lo que afecta directamente la reproducción de peces nativos y modifica la cadena alimentaria, poniendo en riesgo el equilibrio ambiental y actividades como la pesca deportiva.

A este escenario se suma el efecto del cambio climático, que agrava la situación. El aumento de las temperaturas y las modificaciones en los sistemas fluviales hacen que los ríos patagónicos sean cada vez más favorables para la supervivencia y expansión de la carpa. En este contexto, una especie altamente adaptable encuentra condiciones ideales para consolidarse, lo que complica aún más cualquier intento de control o erradicación.

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