Construida en 1732 en el barrio de la Recoleta, la Basílica de Nuestra Señora del Pilar es una de las iglesias coloniales más importantes de Buenos Aires y fue testigo de la creación del primer cementerio público de la ciudad, transformando su huerta conventual en un espacio histórico.
La iglesia presenta una sola nave con un crucero desarrollado y una bóveda vaída. En su interior, se pueden apreciar elementos de estilo barroco, como el retablo mayor con ornamentación inca del Alto Perú, trabajado en plata. Además, el altar de las reliquias, según la tradición, fue un regalo del rey Carlos III de España. El púlpito también es de factura barroca y la talla de madera de San Pedro de Alcántara se le atribuye al escultor Alonso Cano.
En 1822, tras la disolución de la orden religiosa, la huerta del convento fue convertida en el primer cementerio público de la ciudad. Este espacio, que originalmente servía para el cultivo de alimentos, pasó a ser el lugar de descanso final de muchas figuras prominentes de la época. Entre los primeros enterrados se encuentran personas de distintos estratos sociales, reflejando la diversidad de la ciudad.
Hoy en día, la Basílica del Pilar sigue siendo un punto de referencia histórico y arquitectónico en Buenos Aires. Su cercanía con el Cementerio de la Recoleta y su ubicación en una de las zonas más turísticas de la ciudad la convierten en un lugar de interés tanto para locales como para visitantes. La iglesia no solo es un testimonio del pasado colonial, sino también un símbolo de la evolución urbana y social de la capital argentina.













