Nutricionistas alertan que la decisión debe basarse en evidencia y no en mitos sobre lo “natural” y lo “procesado”.
En un contexto donde crece la conciencia alimentaria y se cuestiona a los “ultraprocesados”, etiquetas como “sin conservantes” o “100% casero” dominan las góndolas. Sin embargo, especialistas señalan que no todo lo industrializado es dañino ni todo lo casero es saludable. El problema no es el procesamiento, sino su tipo y finalidad.
Procesos como la pasteurización o la fermentación son esenciales para garantizar inocuidad y calidad nutricional, sobre todo en lácteos. Además, el uso de aditivos regulados por organismos como FAO, OMS y ANMAT busca preservar la seguridad y estabilidad del producto, no engañar al consumidor.
Generalizar el concepto de “ultraprocesados” es un error, advierten expertos: “No podemos comparar un yogur con fermentos vivos con una gaseosa azucarada”. La clave está en informarse con evidencia científica y no dejarse llevar por modas o mensajes confusos que demonizan lo industrial sin fundamentos.













