Argentina se enfrenta a un momento clave en su matriz energética, donde la combinación de recursos tradicionales y renovables define el rumbo de la economía. Según el Ministerio de Energía, el consumo eléctrico del país en 2024 alcanzó los 150 teravatios-hora, con una participación del 63% proveniente de fuentes fósiles, mientras que las energías renovables representaron cerca del 27%, y la nuclear y grandes hidroeléctricas completan el resto. La transición hacia un sistema más sostenible aparece como una necesidad económica y ambiental, pero enfrenta obstáculos de infraestructura y financiamiento.

El desarrollo de energías renovables ha mostrado avances notables en los últimos años. La energía eólica y solar crecieron un 35% en capacidad instalada entre 2022 y 2024, con parques en la Patagonia, el noroeste y el litoral. No obstante, los especialistas advierten que la intermitencia de estas fuentes requiere inversiones en almacenamiento y redes inteligentes para garantizar un suministro confiable. El Plan RenovAr sigue siendo el eje de las políticas públicas para promover proyectos privados y atraer financiamiento internacional.

La producción de gas y petróleo sigue siendo fundamental para la economía y la seguridad energética del país. Vaca Muerta, la formación de shale gas y shale oil ubicada en Neuquén, representa una de las mayores reservas del mundo y constituye una oportunidad estratégica. Sin embargo, la explotación enfrenta desafíos vinculados a costos de producción, fluctuaciones de precios internacionales y marcos regulatorios complejos que afectan la llegada de inversión extranjera.

En el sector eléctrico, la infraestructura y la eficiencia energética son prioridades. Según CAMMESA, el sistema de transporte y distribución requiere modernización para reducir pérdidas y responder al crecimiento de la demanda. Además, la electrificación del transporte y la industria plantea una presión adicional sobre la red, lo que subraya la necesidad de planificación y coordinación entre Estado y privados para evitar cortes y garantizar estabilidad.

La transición energética también tiene un componente social y económico. Las inversiones en renovables generan empleo especializado y oportunidades de desarrollo regional, mientras que la reducción de la dependencia de combustibles fósiles contribuye a disminuir la vulnerabilidad frente a shocks externos. En paralelo, el costo de la energía para hogares y empresas sigue siendo un tema sensible, que requiere políticas equilibradas para sostener la competitividad sin afectar la accesibilidad.

Mirando hacia el futuro, Argentina enfrenta el desafío de combinar eficiencia, sostenibilidad y crecimiento. La articulación de políticas públicas, incentivos a la inversión privada y cooperación internacional será clave para que el país pueda expandir su matriz renovable, optimizar la explotación de recursos fósiles estratégicos y garantizar un suministro confiable. El éxito de esta transición determinará no solo la estabilidad energética, sino también el papel de Argentina en el escenario global de energías limpias y competitivas.

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