Carmen Álvarez Rivero abandonó el estrado durante una comisión y habilitó al kirchnerismo a aprobar la suba de haberes jubilatorios. La Casa Rosada quedó contra las cuerdas.
Un insólito episodio en la Comisión de Trabajo y Previsión Social del Senado terminó con una derrota clave para el oficialismo. La senadora Carmen Álvarez Rivero (PRO-Córdoba), que preside la comisión, se levantó del estrado para dar por finalizada la reunión antes de que se tratara el proyecto de aumento a jubilados. Pero su lugar fue ocupado por el vicepresidente Mariano Recalde (Unión por la Patria), quien tomó el control y consiguió aprobar el dictamen con 9 votos de los 17 miembros.
El desliz procedimental ocurrió en pleno esfuerzo del Gobierno por frenar la ley que otorga una recomposición del 7,2 % y una moratoria previsional para quienes no completaron aportes. La maniobra kirchnerista expuso las internas y descoordinación entre aliados de Javier Milei, generando un impacto legislativo de alto costo político.
Álvarez Rivero, tras decir “hasta luego” y recoger su carpeta, dejó el lugar vacío. Recalde ocupó la presidencia “por vacancia momentánea”, convocó a votación y avanzó con el dictamen. Cuando la cordobesa regresó al salón, se negó a volver a su silla, y quedó de pie sin intervenir mientras la oposición se imponía.
Durante la tensa reunión, se multiplicaron las críticas: Fernando Salino (San Luis) la acusó de “caprichosa”, Juliana Di Tullio (Buenos Aires) ironizó con sesionar los sábados, y su compañera del PRO Guadalupe Tagliaferri cuestionó si estaba “realmente facultada” para conducir.
El dictamen ahora presiona a la Casa Rosada, que deberá decidir entre vetar la ley o asumir el costo político de aceptarla. El bloque libertario está fracturado y la UCR no garantiza apoyo para sostener un veto. La escena dejó expuesta la fragilidad del oficialismo en el Congreso y las dificultades para contener a sus propios aliados.













