La región enfrenta una sequía sin precedentes, agravada por el fenómeno de El Niño y el cambio climático. Países como México, Chile, y Argentina reportan niveles críticos en sus reservas de agua potable y racionamientos en zonas urbanas.

En Santiago de Chile, por ejemplo, se activaron cortes rotativos y medidas de emergencia para abastecer a hospitales y escuelas. Las autoridades reconocen que la infraestructura hídrica no está preparada para enfrentar eventos extremos prolongados.

México ha intensificado la perforación de pozos y la inversión en plantas desalinizadoras, especialmente en el norte del país. Sin embargo, expertos advierten que se trata de soluciones temporales si no se reducen el consumo y las fugas.

Organismos internacionales, como la CEPAL, han instado a una cooperación regional para enfrentar la crisis, promoviendo la gestión integrada de cuencas hidrográficas y la protección de ecosistemas clave.

La situación pone de relieve la urgencia de transformar el modelo de desarrollo en América Latina hacia uno más resiliente y sostenible frente a la escasez de agua.

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