El reciente apagón que afectó a toda la Península Ibérica el 28 de abril de 2025 ha generado múltiples hipótesis sobre sus causas. Una de las teorías más discutidas sugiere que el exceso de generación de energía solar pudo haber provocado la interrupción del suministro eléctrico.
Según el ingeniero Jorge Morales de Labra, el sistema eléctrico fue víctima de su propio éxito, ya que la red no pudo absorber el exceso de energía solar, eólica e hidroeléctrica, lo que activó automáticamente mecanismos de protección en varias centrales. Esta sobrecarga provocó un «hueco de tensión», una caída brusca del voltaje que, si se expande a múltiples nodos de la red, puede producir apagones generalizados.
Sin embargo, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha declarado que «no hubo un problema de exceso de renovables», señalando que las centrales nucleares, al estar apagadas, fueron un problema porque fue necesario desviar grandes cantidades de energía para mantener sus núcleos estables.
La Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) ha desmentido rotundamente cualquier vínculo entre el gran apagón y fenómenos meteorológicos, afirmando que no se detectaron eventos atmosféricos inusuales ni variaciones bruscas de temperatura.
Asimismo, se ha descartado la posibilidad de un ciberataque como causa del apagón. El Centro Nacional de Inteligencia (CNI) y otros organismos especializados no encontraron indicios que sugirieran una agresión externa al sistema eléctrico.
Aunque aún no se ha determinado una causa definitiva para el apagón, las investigaciones apuntan a una combinación de factores relacionados con la gestión de la generación de energía renovable y la estabilidad del sistema eléctrico. Este incidente destaca la necesidad de modernizar la infraestructura eléctrica con tecnologías de almacenamiento y gestión inteligente para evitar futuros apagones y lograr una transición energética sostenible y resiliente.













