A pocos meses de las elecciones al Parlamento Europeo, varios países del continente han registrado un crecimiento sostenido de partidos de extrema derecha, lo que ha generado preocupación entre las fuerzas tradicionales. En países como Alemania, Francia, Italia y los Países Bajos, estas formaciones están capitalizando el malestar social, las preocupaciones por la inmigración y el desgaste de los partidos de centro.

Uno de los casos más emblemáticos es el de Alemania, donde Alternativa para Alemania (AfD) ha superado en intención de voto a partidos históricos en varios estados. Su discurso crítico con la Unión Europea, contrario a la inmigración y cargado de referencias nacionalistas, ha calado especialmente entre jóvenes y votantes rurales. En Francia, el partido de Marine Le Pen también se perfila como favorito en varios sondeos, a costa del debilitamiento de la coalición centrista del presidente Macron.

Ante este panorama, la Comisión Europea y varios gobiernos nacionales han comenzado a debatir medidas para frenar la expansión de discursos extremistas. Algunas iniciativas se centran en reforzar la educación cívica, combatir la desinformación en redes sociales y mejorar las condiciones económicas de sectores vulnerables. Sin embargo, los intentos de censura o exclusión política han generado acusaciones de autoritarismo por parte de los partidos afectados.

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