La generación de imágenes mediante inteligencia artificial (IA) se ha popularizado por su capacidad de crear visuales a partir de descripciones textuales. Sin embargo, este proceso implica un consumo significativo de recursos, tanto energéticos como hídricos, que plantea preocupaciones ambientales.

Investigaciones han revelado que crear una imagen con IA puede consumir una cantidad de energía comparable a la necesaria para cargar completamente la batería de un teléfono inteligente. Específicamente, se estima que por cada 1,000 imágenes generadas, se requieren aproximadamente 2.9 kilovatios hora (kWh), lo que equivale a una carga completa de un smartphone por imagen. 

Además del consumo energético, la generación de imágenes con IA también demanda una considerable cantidad de agua. Los centros de datos que operan estos modelos utilizan agua para refrigerar sus servidores y mantener temperaturas óptimas de funcionamiento. Se ha estimado que entre cinco y cincuenta consultas a modelos de IA pueden consumir hasta medio litro de agua, considerando tanto el enfriamiento de los servidores como el funcionamiento de las plantas energéticas que los alimentan. 

Este impacto ambiental se magnifica cuando consideramos la escala global de uso de estas tecnologías. Por ejemplo, el entrenamiento de modelos avanzados de IA ha requerido cantidades significativas de recursos hídricos, con estimaciones que indican un consumo de cientos de miles de litros de agua durante su desarrollo. 

Ante este panorama, es esencial que desarrolladores y empresas tecnológicas adopten prácticas más sostenibles en el diseño y operación de modelos de IA. Esto incluye la optimización de algoritmos para reducir el consumo energético y la implementación de sistemas de refrigeración más eficientes que minimicen el uso de agua, contribuyendo así a mitigar el impacto ambiental de estas innovadoras herramientas.

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